miércoles, 11 de noviembre de 2015

Navidad en Países Bajos (Amsterdam, Edam, Voledam y Marken) 26 a 30 diciembre 2014

Hacia tiempo que teníamos ganar de hacer un viaje a los Países Bajos. La verdad es que por dejadez o por otros motivos siempre terminábamos en otro lugar de Europa que no fuese Amsterdam. Estas navidades quería que fuesen especiales y que mejor destino que una ciudad llena de canales, gente, buen ambiente, libertad y lucecitas navideñas. Además, si sois lectores del blog conoceréis mi debilidad por los mercados navideños y Amsterdam en años anteriores había montado un gran mercado a lo largo de la avenida Damrak. Mi sorpresa fue que después de reservado todo el viaje nos encontramos con que este año no se montaría dicho mercado y solamente habría uno en la zona de la plaza de Rembrandtplein y otro en Leidseplein, ambos pequeñitos. Pero eso no iba a desmerecer en absoluto a esta gran ciudad y este bonito país moderno pero igualmente tradicional. 

El hotel por su gran confort y  buena relación calidad-precio lo habíamos reservado cerca de la estación de Sloterdijk (donde para el tren de cercanías desde el aeropuerto). La distancia al centro no era un problema porque en 15-20 minutos estábamos en el centro de la ciudad con un confortable tranvía que paraba justo en la puerta del hotel. El hotel Golden Tulip Amsterdam West era muy confortable, limpio, habitaciones amplias y con un desayuno colosal. Directamente el día de llegada a media mañana tras dejar las cosas nos dirigimos a la Plaza Central Dam donde se encuentra el Palacio Real y el bonito centro comercial Bijenkorf que dicho sea paso tiene una zona de comedor con distintos ambientes en su última planta que bien merecen una parada para comer o para tomar algo. Tras almorzar por la zona centro, nos fuimos directamente con nuestras entradas sacadas desde casa al museo de cera de Madame Tussauds que tiene una reputada fama en esta capital y la verdad no nos defraudó. Recomiendo llevar los tickets online que permiten "saltarse" la larga cola que suele tener el museo a su entrada. Tras salir del museo nos dimos un paseo hacia la zona de la estación central recorriendo el Barrio Rojo y conociendo de primera mano el buen ambiente del que tanto me habían hablado. Allí todo era naturalidad y sexo, o al revés, sexo y naturalidad, pero siempre buen ambiente. De inmediato nos fuimos a la plaza Rembrandtplein a tomar algo de cenar en los mercados. De vuelta al hotel pudimos comprobar dos cosas, la primera que el frío ya iba calando en los huesos después de todo el día pateando y segundo, lo cómodo que era el colchón de la habitación después de una larga ducha de agua caliente. El desayuno como ya os había adelantado era tremendamente bueno en calidad y en cantidad. Había que coger fuerza para el largo día que teníamos por delante. Fieles a nuestros amigos de Sandemans New Europe hicimos una completa visita con ellos  durante la mañana por todo el centro de la ciudad pero también por otros puntos no tan conocidos donde como siempre, hicieron un gran trabajo contándonos anécdotas que pasan totalmente desapercibidas para el turista. Al finalizar nos fuimos a comer a un sitio típico con el propio guía donde comimos un Stampotten que es una especie de albóndiga grande de carne picada típicas de la ciudad acompañada de un puré espeso hecho de patata, zanahoria y cebolla. Un plato muy contundente. 

No estábamos seguros de hacer también la visita guiada del Barrio Rojo pero finalmente decidimos reservarla también. Por la tarde y haciendo tiempo fuimos a la famosa cafetería Winkel 43 a tomar la que considero la mejor tarta de manzana que jamás he probado. Estuvimos muy cómodos sin grandes ganar de salir a la calle hasta entrar en calor porque los trocitos de hielo que caían fuera se pegaban a la cara haciendo insufrible el camino. Luego mejoró algo y aprovechamos para visitar la zona cercana a la estación central y algunas calles que aún nos quedaban pendientes. Cuando llegó la hora de la visita al Barrio Rojo el frío había apretado de nuevo pero no lo suficiente como para quitarnos las ganas de conocer todos los entresijos de esta fuente de ingresos y del mercado del sexo. Nos contaron todo sobre los locales mas peculiares así como multitud de historias y funcionamiento de esa parte tan importante (aunque cada vez menos) de la ciudad. Para cenar, nada mejor que un magnífico wok con salsa de soja y un paseo por la zona de Leidseplein magnificamente adornada y con pista de hielo incluida. Ya era tarde y nos fuimos de vuelta al hotel tras un completo día muy bien aprovechado. 

El tercer día iba a ser algo más relajado porque teníamos la intención de ver rincones algo más ocultos y volver a zonas que habíamos visto casi de paso con la visita guiada del día anterior. Con cámara en mano fuimos recorriendo todas las calles y puentecitos del barrio donde se encuentra la Casa de Ana Frank ya que es de las mejores zonas de la ciudad para inmortalizar el momento con fotos y selfies que tan de moda están. También recorrimos toda la zona circundante a Nieuwmarkt, The Oude Church, Koningsplein, Mercado de las Flores,  para finalmente ir hacia la zona del Rijksmuseum donde habían montado una gigantesca pista de hielo muy bien decorada. Terminamos el recorrido en el famoso Museo van Gogh. La cena de este día estaba ya más que decidida Cafe De Klos donde tomamos unas gigantescas y sabrosas costillas a la brasa que siempre recordare. 

El último día lo íbamos a dedicar íntegramente a recorrer los pueblos que habíamos seleccionado cuidadosamente, No pudimos conocer otros pueblos pero preferimos ver solo tres que fuesen significativos de la región y no ir como en un maratón sin disfrutarlos. Habíamos reservado ya nuestros billetes de bus online (Waterland ticket) y solo tuvimos que ir directamente a la Estación Central a coger la linea de bus que nos permitía durante todo el día subir y bajar cuantas veces fuese necesario en todos los pueblos de esa zona. Preferimos ir primero a Edam que era el pueblo más lejano (35 minutos) para ir acercándonos En Edam la entrada era espectacular con puentes pintorescos y rincones fabulosos llenos de patos. Un pequeño embarcadero en la zona trasera de un frondoso jardín te dan la bienvenida al pueblo. Más adelante decenas de tienda llenas del conocido queso de Edam y de otros productos típicos te van abriendo paso. Como era el pueblo más pequeño y estaba todavía vacio de turistas, pudimos aprovechar muy bien durante una hora y media y preferimos irnos sin dilación hacia la siguiente parada que era Voledam.


Pueblo más grande e incluso más pintoresco que el anterior. Mezclaba muy bien las callecitas empedradas con casitas de madera junto al puerto pesquero lleno de puestos de pescado crudo y frito para deleite de los turistas. Decidimos comer en uno de los restaurantes del puerto donde pedimos una amplia bandeja para dos personas de distintos tipos de pescados fritos con salsas variadas.

Tras el almuerzo cogimos de nuevo el bus para ir a Marken. Este último pueblo esta en una especie de península a la que se puedo llegar cruzamos un istmo de varios km bastante estrecho con maravillosas vistas que te hacen sentir flotando en el mar. Marken es un pueblo que parece estar parado en el tiempo y donde todos sus habitantes viven todavía guardando antiguas tradiciones propias del lugar. Un ambiente peculiar que te recomendamos conocer y que no te defraudará. Decidimos tomar un cafe acompañado de tarta de queso riquísima en un bar del puerto de Marken. Tras ello, volvimos a Amsterdam donde cenamos en el restaurante de la última planta del centro comercial Bijenkorf del que os hablé al principio del post.



Como el vuelo salia sobre las 4 de la tarde, pudimos comprar algunos regalos por la mañana antes de partir hacia el aeropuerto. La vuelta la hicimos desde Eindhoven porque el único avión de vuelta esa mañana desde Amsterdam salia sobre las 6 am y jamás me gusta pegarme un madrugon el día de vuelta de un viaje para llegar al aeropuerto. Preferí reservar vuelo desde Eindhoven y coger un bus desde Amsterdam que te llevaba directamente allí (1:15 minutos). Puede parecer una tontería pero me gusta desayunar tranquilo en el hotel el último día y hacer la maleta tranquilamente. Se te queda un sabor de boca diferente haciéndolo así. Y FIN.


www.esehotel.com